Paradojas

Paradoja y trascendencia a partir de una nueva orientación.

Paradojas

En un mundo convencido de la eficacia de la propaganda, el comercio de ideas y el negocio textual, la propuesta de Paradojas consiste en dejar de lado el mero proceso de divulgación informativo, tan reconocido por el éxito fugaz de hoy en día, para dar lugar al testimonio vivo y concreto de una realidad que aún anhela el dar a conocer la inmensidad de su riqueza. Esto es posible si se deja de lado una pretensión básica dominante: adaptar la verdad a los hombres. El giro realmente antropológico se realiza más bien en otro sentido: son los hombres los que buscan y anhelan la verdad. Este otro sentido promueve la afluencia de tensiones y contrastes, ya que no disfraza la propia condición humana, sino que la rescatay sublima a partir del cúmulo de su enorme riqueza.

Paradojas es una tensión viva y pura. Realidad y paradoja confluyen en un mismo ámbito de gestación. No es la superficialidad el ámbito en el cual se reconoce la realidad y la paradoja, ya que es en la profundidad donde el mundo se conoce mejor, esto es, de principio a fin. De ahí, que en Paradojas no se busque la doctrina. Una doctrina que ostenta orgullosa el pensamiento inerte aunque celosamente atesorado. Por el contrario, en Paradojas es la viveza del esfuerzo el único mérito a conseguir. El esfuerzo consiste en la apertura y disposición de ser conformado por la realidad, venciendo incluso la propia limitación no sólo especulativa sino también vital. Esta victoria anunciaría la superación de la inquietud incurable del hombre que no sólo conoce, sino que primero y antes que todo vive. Por ende, Paradojas es de fondo un pensamiento vivo, que asume y afronta la realidad de la vida, desplegando, por otra parte, el respeto y el compromiso que sustituyen la vigente neutralidad que ostenta la investigación contemporánea.

Paradojas quiere asumir con seriedad la pluriformidad de la realidad. Es decir, busca un auténtico encuentro con las diversas tonalidades y matices de dicha realidad. Ahora bien, Paradojas reconoce que sinceridad es fidelidad y, por tanto, no se busca el triunfo de la verdad, sino la fidelidad a ella, lo cual constituye finalmente el esfuerzo y la viveza del testimonio.

En Paradojas buscamos ser acordes y concordes con el corazón de la realidad, el cual tiene su propio ritmo y tensión. Se trata de un palpitar que requiere tanto arrojo como humildad para ser sumergido en el movimiento de sístole y de diástole de nuestra realidad paradójica. El corazón de la realidad no constituye una esperanza para el futuro, sino una exigencia para el presente.

La paradoja está omnipresente en la realidad, incluso antes de estarlo en el pensamiento. De ahí proviene justamente su fuerza y objetividad, de la riqueza de la realidad misma. Cada verdad mejor conocida abre a la paradoja un área nueva. Por eso, Paradojas no busca un aumento progresivo de conocimiento, sino el encuentro con la objetividad siempre antigua y siempre nueva.

Finalmente, las siguiente palabras de Henri de Lubac condensan todo lo anteriormente dicho, incluyendo lo que no fuimos capaces de decir: “Paradojas: la palabra designa, pues, ante todo a la realidad en sí misma y no a la forma de contarla. Si a veces, subsidiariamente, encierra algún otro significado secreto, quizá sea para indicar la preocupación por evitar cierta pesadez doctrinal al tratar determinados temas serios”.
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